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A
los 16 años de edad comencé a explorar el peligroso camino de las drogas sicodélicas.
El uso de LSD, me ocasionaba diariamente torturantes dolores de cabeza.
Para calmar el dolor comencé a utilizar tranquilizantes, calmantes,
marihuana
y licor. Cinco confusos años de mi vida fueron dedicados a escapar del dolor
por medio de las drogas. Con el uso de las drogas me volví una
persona desenfrenada y con cruel negligencia hacia mi vida. Me inyecte una
jeringa llena de P.C.P, una dosis muy peligrosa. Esta inyección perjudico
tremendamente mis riñones incrementando el nivel de dolor. Empecé a sentir
rabia y odio hacia mi mismo, que se tornaron en duros resentimientos hacia el
mundo, sin tener nadie a quien culpar mas que a mi.
Siete
años después de mi primera experiencia con las drogas, me vi forzado a vivir
las consecuencias del abuso al que sometía mi cuerpo. Mi memoria de corto plazo
no existía, mi piel era pálida y constantemente me sentía agotado. Mis
riñones ardían de dolor y los músculos de mis piernas sufrían espasmos y
dolores irritables mientras estaba en pie. Debido a que mi trabajo requería de
largas horas de pie en unas escaleras, perdí mi trabajo! Era una oscura, triste
y desesperada existencia.
Finalmente,
no teniendo otra salida, me arrodillé a orar y rendí mi vida a Dios. Me
arrepentí, le ofrecí mi vida y le pedí a Cristo que entrara en mi corazón.
En ese momento no ocurrió nada, pero después de cinco horas el sonido de los
ángeles regocijándose penetro profundamente en mi frío corazón.
Ya nunca mas volvería a ser igual, todo cambio. Sentí un fuego ardiente
dentro mi y por primera vez tenia una razón de ser. Comencé una exploración
del mundo espiritual, me uní a un grupo de jóvenes cristianos y allí hice
amistades con personas que no utilizaban drogas y que me apoyaron durante mi
recuperación. Utilice mi experiencia para ayudar a otros no recorrer aquel
camino que yo recorrí. Hable en frente de miles de estudiantes sobre los
peligros del abuso de las drogas y muchos de ellos se comprometieron a dejar de
utilizarlas.
Seguí
estudiando el tema y encontré libros sobre los ayunos de jugo. En mi
adolescencia había intentado ayunar con agua pero termine en el baño vomitando
al tercer día. Ayunar con jugo tenia sentido. Compre un extractor de jugos y
empecé a experimentar. Mi jugo favorito era el de melón cantaloupe seguido por
el de melón verde, y por ultimo, mi combinación de vegetales como zanahorias,
manzanas, limones, remolacha y apio. Después de varios ayunos de 3 a 7 días
durante un año, me sentí muchísimo mejor física y mentalmente. Los
beneficios de esos ayunos me animaron tanto que empecé a hacer ejercicio en el
gimnasio y alimentarme saludablemente. Mi cuerpo se recupero lo suficiente para
trabajar de nuevo, pero aun me sentía cansado, pues el estar de pie en las
escaleras causaba un intenso dolor en mis piernas.
Un
ayuno de jugo de 30 días transformo mi vida. Los primeros días fueron
bastantes difíciles pero a medida que continué me sentía muchísimo mejor.
Después del vigésimo día en ayuno, comencé a trabajar 14 horas diarias
haciendo duras labores físicas durante los días más cálidos de verano. Ahora
era capaz de subir las escaleras con facilidad. Mi nivel de energía aumento al
100%.También
hubo otras mejorías a medida que continué con el ayuno: necesitaba menos horas
de sueño, mi mente se aclaro, mi memoria comenzó a funcionar de nuevo y los
músculos de mis piernas recuperaron su fuerza. También disminuyo el dolor de
mi espalda gracias a la curación de mis riñones ¡De nuevo volví a ser un
joven viril!
Mi
vida cambio radicalmente. Por primera vez después de tantos años me volví a
sentir saludable y libre de dolor. Lejos del sufrimiento, el ayuno se convirtió
en una experiencia confortable. La sanidad llego como agua a un reseco y abatido
corazón. Los 30 días en ayuno de jugo fueron un milagro que cambio mi vida. No
solo mi salud estaba renovada, sino que también experimente vitalidad, energía
y claridad mental. Además, el proceso de envejecimiento diminuyo radicalmente.
El ayuno renovó mi pasión por la vida y acentuó mi relación con Dios. Aparte
de volverme cristiano, este ayuno fue el segundo evento que mas impacto tuvo en
mi vida.
Pasar
de estar enfermo a estar saludable en tan solo 30 días fue mas de lo que me
esperaba;
cambios
tan drásticos
demandaban respuestas y mis ganas de comprender fueron las que dieron origen al
libro que ahora tienes en tus manos. Yo quería entender porque el ayunar cura
tan rápida y potentemente. También quería aprender como apoyar esa sanidad
por medio de una dieta saludable. Mi propósito era de ayudar a otros que como
yo, tuvieran problemas de salud. Aunque no podía escribir bien y mi ortografía
era terrible, una ardiente pasión dentro de mí hizo que continuara con mi
proyecto.
Después
del ayuno, encontré otros desafíos. Ayunar era más fácil comparado a tratar
de llevar una dieta saludable. Mi carácter compulsivo y adictivo cambio de
forma; ahora mi guerra no era con las drogas sino con la comida. No me imagine
que ese seria el comienzo de una guerra de cinco años con mi adicción a la
comida. Después del ayuno, se volvió aun más importante comer saludablemente,
ya que mi sensibilidad a las comidas dañinas aumento. La sensación limpia y
maravillosa comenzó a desvanecerse a medida que entre al mundo del comer.
Comencé a estudiar libros de nutrición para aprender a elegir y preparar mis
alimentos, y así poder mantener los beneficios del ayuno. Esto me llevo a
escribir “La Dieta Perfecta de Dios” y “El Banquete de la Mesa
de Dios.” Aunque había
adquirido muchos conocimientos, aun luchaba con mi compulsividad al comer.
Decidí que mi problema demandaba mas esfuerzo y estudio, así que leí libros
sobre la perdida de peso, autoestima, adicción, como sobrellevar el fracaso,
como establecer metas y demás recursos que pudiese poner mis manos, con el fin
de poder entender mi inhabilidad para controlar mi comportamiento. Comencé el
libro “Comiendo Libremente” y al terminarlo, me libere. Aun con
tantos conocimientos, el recorrido por la vida me trajo muchos contratiempos y
fracasos pero aprendí que ella tiene muchas imperfecciones y que no siempre las
cosas son como esperamos. Ahora sé que la humildad es la actitud que se debe
tomar cuando se enfrenta un fracaso.
Mirando
hacia atrás, a mi descubrimiento del ayuno y
la sanidad posterior, me doy cuenta que nada pasa por accidente. Todos
los conocimientos y sanidades vienen de Dios, ya sean por medio de milagros,
medicina moderna o medios naturales como las plantas, suplementos o dietas. Dios
es la fuente de todos los medios ¡El es El Gran Medico!
La
atención a los detalles que tiene durante el intrigante proceso de sanidad
manifiesta Su corazón y carácter. Yo solo me puedo inclinar humildemente y con
temor ante el Creador de Vida
Translation
& Web work by Paula Taborda |