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                                                                        Testimonios 
1


Koni F. de Oshawa, ON, Ca.                                                                   
Varias tragedias contribuyeron a mi caída en la desgracia. Un matrimonio roto, una encantadora hija de cinco años asesinada por chófer descuidado, un accidente del automóvil que mató a mi hermano el mismo día de mi cumpleaños y algunos incidentes más. Herido y lejos de Dios que antes había sido la fuente de mi fuerza, me sentía desvalido, al perder el contacto con mi creador me sentía atrapado en un remolino, el pecado y la esclavitud me invadieron, tomando control de mi vida.   

El punto culminante fue en 1991; estando en los límites de mi paciencia intenté lanzarme con mi auto al rompeolas en el puerto de Cobourg. Mi corazón lloraba por una vida desperdiciada y por lo que podría haber sido.                                                                                                                      
No puedo explicar lo que pasó luego. Primero, escuché una pequeña voz diciendo que el suicidio no terminaria cn mi agonía, al contrario, iba a ir a un lugar donde la tortura era peor de lo que yo imaginaba. De repente, estaba en el Lake Vista Square en Oshawa a las 2 a.m sin poder recordar haber hecho ese viaje. Muy confundido empecé a manejar hacia Cobourg, y a orar por primera vez para en años: "Dios¿Eres tu quien está haciendo todo esto? Si quieres que me quede en Oshawa, dáme una señal." En ese momento estaba a punto de dejar los límites de la ciudad y justo cuando terminé de decir estas palabras las luces de mi auto se apagaron. Delante de mi sólo quedaba la carretera negra como el carbón. Para mi sorpresa, al dar la vuelta al auto las luces volvieron a encenderse; comencé a llorar: “Oh Dios, eres tú, no es cierto?” No escuché nada más, aunque estuve rogándole que se comunicara más conmigo.

Recordé haber oído en alguna parte que uno puede acercarse a Dios a través del ayuno y la oración. ¡Yo necesitaba contacto espiritual! Tomé un apartamento en la calle del Lake Vista Square y empecé una ayuno de agua de diez días. Encerrado con llave en el apartamento sin teléfono, televisor o amigos, oré y busqué de Dios noche y día.   

A medida que el ayuno progresó, algo asombroso empezó a pasar. La  presencia de Dios podía sentirse; luego vino el sonido de una voz; Él me quería de vuelta en el ministerio. "El centro de la ciudad" dijo, "Trabaja con los oprimidos y descarriados, debes hacer libres a los cautivos"   

"¡Pero" refuté, "!Hablas con la persona equivocada! No tengo nada más que a mi mismo ¿Cómo puedo ayudar a otros?  Además, soy un sucio pecador"  En ese momento estaba guardando algunas cosas en el nuevo apartamento y había recogido la tapa de una vieja cacerola que había sufrido ya demasiado uso y estaba ennegrecida por la grasa que se le había pegado con los años. La voz dijo: "Mira la cacerola en tu mano ¿Ves lo negra y sucia que está? Si tu puedes limpiar la cacerola, significa que yo puedo también hacer mi trabajo y limpiarte" “No hay manera de que pueda hacerlo sin un limpiador de ollas” respondí, "ya miraste bajo el fregadero?" fué la suave contestación. Al correr la puerta quedó a la vista la mitad de un paño abrasivo para ollas que seguramente había dejado el anterior ocupante. Escépticamente tomé el pequeño pedazo y lo pasé un par de veces por el fondo negro de la cacerola. Para mi asombro, toda la grasa quemada empezó a ceder, dejando la cacerola tan limpia y brillante como hace 20 años. El asombro se convirtió en alegría cuando noté que no sólo la cacerola estaba siendo limpiada, yo también lo estaba. Sabía que Dios había hecho algo imposible, y así como pude ver que la cacerola se limpiaba y quedaba como nueva ,vi lo mismo pasando en mi alma. Bailé, reí, cané, mientras las lágrimas salían de mis ojos. Ahora estaba convencido de que podía hacer cualquier tarea que Él tuviera reservada para mi.                                                                    
Desde aquel momento y a través de ese ayuno, continué sintiéndome increíblemente cerca de Dios, escribiendo poesía y canciones bajo la inspiración divina, obteniendo instrucciones de la hermosa voz que siempre permanece cerca. Cuando el ayuno terminó estaba más que listo para empezar Su trabajo.
   

Claudine de Oshawa, ON, Ca.                                                             Necesitaba algunas respuestas de Dios, pero había una barrera espiritual ante mi. Antes había intentado ayunar cuando me enfrentaba con este tipo de circunstancias, pero algo había algo que faltaba y mi intento de ayunar había fallado. Después de leer un libro sobre el ayuno, me inspiré y empecé a ayunar,  mi deseo era ver las almas venir a Cristo.   

Los primeros días fueron sorprendentemente fáciles, ningún dolor de cabeza o debilidad, pude continuar haciendo mi trabajo. El resto del ayuno me fué sumamente bien; sólo un día experimenté una mala reacción y fue debido a que mientras limpiaba el horno rocié un poco de limpiador y respiré un poco por accidente, lo que causó que me sintiera enferma y con náuseas, por suerte esto sól duró un día.   

Mantuve mi enfoque espiritual y oré continuamente por un avivamiento en nuestra iglesia y por la gracia de Dios, empezó a ocurrir. Había personas bautizándose cada servicio, aquéllos que se habían alejado de la fe, volvieron.  El espíritu de Dios estaba entrando en la iglesia. Un amigo y yo estuvimos orando al Señor para animar a la iglesia a hacer un ayuno de un dia, y se hizo. Ese día el pastor predicó un ungido sermón que hacía llamado a la oración, el ayuno y el amor mutuo. Este mensaje animó mi alma para seguir ayunando.

El resultado del ayuno fue asombroso, no sólo me benefició espiritualmente, también mi brazo fue sanado milagrosamente. Qué alegría no sentir más ese horrible dolor; durante meses había estado sufriendo; ahora el dolor se había ido completamente. Los terribles cólicos menstruales que sufría también desaparecieron, además perdí 20 libras de sobrepeso. Una abuela de 51 años como yo hizo como su primer ayuno uno de 17 días, realmente me siento bendecida por el Señor.   

Para mi ayunar es un camino para acercarse a Dios; tenemos que sacrificar cosas de este mundo por Dios así como Cristo sacrificó su vida por nosotros.  “No sólo de pan vive el hombre si no de la palabra que procede de la boca de Dios” (2 CRÓNICAS 7:14) Necesitamos sustentarnos en Dios. 

                                                                                                                

Caralee B. de Oshawa, EN                                                                            Yo estaba abierta al ayuno ya que había agotado todas las posibilidades de curarme de la sinusitis así como de una infección por Cándida; tenía un molesto sarpullido rojo en mi cara además de otros incómodos síntomas, también era sumamente sensible a ciertas sustancias, lo que me producía aún más sarpullido y como es de esperarse, más ardor.

Mi primer ayuno fue de tres días, me sentía bien, pero pronto perdí el control y terminé comiendo todo cuanto tenía a la vista. El agradable sentimiento que había obtenido pronto se esfumó, y el efecto de las mucosidades se hizo sentir con toda su fuerza.

Una semana después, comencé a ayunar con mucha más determinación, ayunaba por cinco días y comía ligeramente por siete. Durante la cuarta sesión de ayuno tuve un intenso dolor de cabeza, escalofríos, un fluído salía de mis oídos, la mucoisdad goteaba por mi nariz, mi lengua era blanca y mi piel pálida, mis reacciones se retardaron, me sentía bajo el efecto de un narcótico. Por suerte esto sólo se prolongo por un día, disminuyendo notablemente al día siguiente.   

Cuatro días después de la crisis, desperté rebostante de energía mental y física, me sentía alerta, limpia y delgada, podía respirar libremente por la nariz y el salpullido facial estaba aclarándose. En esta fase del ayuno, algunos de mis amigos mostraron su preocupación debido a lo delgada que estaba, aunque yo me sentía saludable. Además, ayunar había eliminado todos los horribles síntomas.   

Estúpidamente, comí algunos productos de harina y mis vías respiratorias se obstruyeron durante un día; un recordatorio aterrador de cómo estas comidas me afectaban, nunca había visto sus efectos tan claramente. Ayunar me había dado una guía clara sobre lo que no debía comer.   

Una semana después, estaba en una fiesta con mis amigos, observé su estilo de vida y su forma de actuar; simplemente sentí que era incorrecta, hipócrita, sin sentido, vacía y llena de chismes. Pensé: “¿Qué estoy haciendo con mi vida? no soy feliz.” Comencé a llorar; me sentía enfadada, herida y asustada, todo estaba mal. Fue cuando entonces sentí dos pequeñas palmaditas de consuelo en mi hombro, miré y no había nadie allí; en ese momento pude ver todo con claridad, esos amigos me estaban desgastando emocional y espiritualmente; pensé que estaba bien actuar como ellos, pero en realidad me sentía intoxicada.   

Algo está impulsándome, no puedo detenerlo, no tengo otra opción, se que es el camino correcto y tengo que ir por él, tengo que deshacerme de muchas cargas emocionales; quiero empezar de nuevo. Recordé una conversación que un día escuche entre Tom y el pastor Rossen sobre algo en la Biblia: “no puedes poner un parche sobre un vestido viejo”, esto penetró profundamente en mi mente: “Debes volver a empezar”, me pegó como un resplandor en la cabeza. No soy una persona religiosa, aún estoy decidiendo si me gusta o no; simplemente mi cuerpo se ha programado a través el ayuno, ahora sólo quiero cosas puras.                                                                                                                  

Les L. de Oshawa, ON, Can.                                                                    Siempre he gozado el hecho ser una persona saludable; sin embargo sólo pude comprender cuanto me estaba perdiendo hasta después de terminar un ayuno de 22 días. Aunque aún soy muy joven (21 años) algunos problemas menores me habían estado molestando por años, lo que no comprendía era que todos estaban relacionados con mi dieta. Padecía de fuertes dolores de cabeza por lo menos dos veces por semana; las aspirinas no ayudaron mucho, tampoco lo hicieron no pocas visitas al quiropráctico. Mi memoria era la misma que la de una persona de 50 años desde hacía cinco o seis años; yo se lo atribuía a un trauma emocional que había experimentado. Aproximadamente por los últimos dos años tuve de 20 a 30 libras de sobrepeso. Algo le había pasado a mi sentido del olfato, lo que me negó el privilegio de disfrutar cosas como una buena comida, el olor de las flores y de la lluvia primaveral; mi actitud era derrotista a más no poder, era difícil de motivar, además no tenía energía para emprender nada ¡Todo por ser un glotón! El café y las donas eran una constante en mi dieta, con la cantidad de comida que antes comía se podía alimentar a una familia de tres.   

Al principio, encontré muy intrigante la idea del ayuno, aún estaba escéptico, así que nates de hacer cualquier cosa me fui directo a la biblioteca. Pasé semanas leyendo libros escritos por doctores y nutricionistas. Finalmentedespués de todo me convencí. Empecé mi primer ayuno a largo plazo por 22 días.    

Los primeros dos días me sentía terrible, estaba débil y adolorido. Tenía un dolor de cabeza terrible, sentía como si mi pecho estuviera quemándose, en general me sentía enfermo. Pero como ya había previsto estos síntomas, estaba preparado.

Al finalizar el ayuno había perdido aproximadamente 25 libras, nunca me había sentido tan bien en la vida, tenía mucha energía, mi memoria se había agudizado y mi sentido del olfato también fue restaurado; recuerdo lo alergre que estaba sólo de respirar, me paseaba por la calle oliendo las flores y todo cuanto estaba ante mi, cuyo olor hace tiempo había olvidado. Los dolores de cabeza desaparecieron; pero sobre todas las cosas, el ayuno transformó mi actitud mental, desarrollé un amor por la vida como nunca antes. Me sentía tan joven y saludable como debía ser desde el principio. Los conocimientos que he adquirido sobre ayuno y nutrición han cambiado radical y positivamente mi vida.

Translation & Web work by Paula Taborda